martes, 27 de agosto de 2013

LAS SOMBRAS por Edgar Liñan



Era la enésima vez que Delia caminaba por los pasillos de la tienda, había estado preparando una junta con los jefes de cada departamento para darles a conocer su plan de trabajo para el año, sin embargo nadie le hacia mucho caso, no comprendía por que la gente podía llegar a ser tan mediocre y conformista, pero amaba su trabajo mas que a nada.

Había salido de la universidad y este era su primer trabajo por lo cual aun no tenia la malicia, ni el virus del valemadrismo que impera en este país cuando te das cuenta que por mas esfuerzos que hagas las cosas nunca te salen como deseas, sin embargo había sus excepciones.

Ya era de noche cuando Delia estaba en el salón de juntas, había preparado la cafetera y la papelería del curso, solo esperaba a que vinieran las personas para comenzar e irse a su casa a descansar. Sin embargo paso el tiempo y las horas, la sala tenia un silencio sepulcral y no se escuchaba ningún ruido, la chica estaba sentada viendo a la ventana fijamente cuando comenzaba a tener somnolencia, de pronto oyó un ruido parecido a un trueno, una tormenta estaba a punto de caer, al salir de la sala noto que la mitad de la luces estaban apagadas y la mayoría de la tienda estaba en penumbras, presintiendo lo peor, bajó corriendo las escaleras, hasta la entrada de personal solo para darse cuenta que no había nadie y que estaba encerrada, de pronto un leve pánico se apodero de ella, “que puede pasarme” pensaba.

Se dirigió a servicio al cliente para hacer una llamada al gerente de la tienda. Al descolgar la bocina del conmutador vio con preocupación que no había líneas, estaba muerto el teléfono y entonces recordó un memo en el correo

“Sistemas haría un mantenimiento del conmutador y no habría líneas hasta la mañana”

Se sentó en una de las bancas que había para los clientes y se puso a pensar, no quería entrar en pánico “¿Qué hago, que hago? Cuando por fin se resigno a que iba a estar encerrada toda la noche, pensó en pasarla lo mejor posible y dormir en alguna de las alfombras del área de pisos, se dirigió a la máquina de dulces que había en el comedor y de mala gana compró unas donitas con un jugo de mango, “Adiós a la pinche dieta” pensaba.

Regreso a su oficina, un cuartito de 2x2 que era muy claustrofóbico y se dispuso a jugar una partida de solitario en la computadora, -Sistemas borró todos los juegos menos los que tengo ocultos en mi carpeta personal- decía con cierto orgullo
-Este pendejo de sistemas no me va a ganar, soy mas lista que el-
Tenia ese pensamiento cuando de pronto oyó un estruendo afuera, la tormenta había llegado. Escuchaba el sonido de la lluvia en el techo y era un ruido ensordecedor, en penumbras y sola, comenzaba a inquietarse, la lluvia empezó a amainar, mas de pronto un rayo que cayó cerca del lugar hizo que se escuchara terriblemente y que ocasionara un apagón, Delia lanzo un grito de terror y se acurruco en la silla de su oficina.

En un momento la planta de luz de la tienda comenzó a funcionar y algunas luces prendieron, las penumbras se apoderaron del lugar y solo se veían sombras y total obscuridad en algunas zonas, la chica estaba aterrada y quiso salir huyendo, pero no podía un sentimiento de claustrofobia acompañado de la falta de aire, hizo que Delia se derrumbara en el piso de su oficina.

Cuando la cordura y el aire volvieron a ella, se sentó en su silla y comenzaba a razonar y a pensar que todo iría bien que solo era algo pasajero y que estaba completamente sola, al menos eso pensaba, de pronto unas sombras pasaron frente a ella y vio como esas mismas sombras se perdían en la obscuridad de la tienda, quiso salir corriendo pero no pudo sus piernas no le respondían y comenzó a sentir miedo, quedándose paralizada se encerró en su oficina y cerro las persianas.

La poca luz que había afuera reflejaban sombras que pasaban cerca de la puerta y a lo lejos, arrinconándose en el piso, la chica comenzó a orar, mas no se acordaba de las oraciones, su mente estaba bloqueada, tan solo cerro los ojos y deseo que nada malo le pasara, sin embargo ese deseo estaba muy alejado de la realidad

Por las rendijas de la persiana vio como una sombra se paraba afuera de ella y se quedaba observando fijamente, la chica presa del terror tan solo abrió los ojos y quiso lanzar un grito de horror, la sombra comenzó a bajarse por la persiana y de pronto vio como se materializaba algo por debajo de la puerta, no pudo mas y lanzo un grito aterrador que se escucho por toda la tienda, cuando pensaba que iba a sucederle algo por aquella sombra un repentino retorno de la energía hizo que regresaran las luces de su oficina y la sombra desapareció, quedando ella sola, llorando sin control.

Trato de tranquilizarse y salir de aquel lugar, entonces recordó donde estaban los controles de las luces y corrió hacia ese lugar, estaba alejado de la oficina justo del otro lado de la tienda, en el área de recibo y mantenimiento. Dudó en hacer eso pero tenia una oportunidad de llegar con las luces que estaban encendidas y prender todas, era algo arriesgado pero tenia que hacerlo si quería que las sombras no regresaran.

Se quito los zapatos y se dispuso a correr hacia aquel lugar, la lluvia comenzó a arreciar de nuevo y los estruendos de los rayos que caían se oían cada vez mas cerca, la adrenalina de la chica estaba a todo lo que daba, rogaba por que no se fueran a ir las luces de nuevo y llegar al tablero de control, justo cuando entraba al área de recibo un rayo cayó de nuevo y las luces se apagaron, la planta comenzó a funcionar pero solo ilumino parte de la tienda y el lugar donde estaba permanecía en penumbras, se sintió morir no quería pensar en lo que pasaría, rápidamente se dirigió a mantenimiento ya casi estaba cerca y frente de ella estaban las escaleras que subían a los tableros y vio las sombras pasar frente a ella entre la escalera y el tablero de control había un área que no estaba iluminada, temió lo peor y se detuvo en seco.

Se arriesgaba a pasar por esa enorme parte obscura y ser presa de las sombras o se quedaba ahí y esperar lo peor, decidió arriesgarse y corrió cuando pasaba por el lugar sintió como unas manos la querían tomar de los pies y grito corriendo lo mas fuerte que podía para liberarse de esa sensación de agarre cuando por fin llego al tablero, vio un sin numero de palancas y no sabia que hacer así que decidió prender todas las luces. Poco a poco vio como la tienda comenzaba a iluminarse  dando paso a la luz y las sombras iban desapareciendo.

Sintió un alivio momentáneo, pensó en como salir de la tienda, no había manera de hacerlo, todas la puertas estaban cerradas, aun lado del área de mantenimiento estaba el departamento de auditoria, que estaba lleno de papeles y unas computadoras, se sentó en una de las sillas de ahí para poder pensar mejor y de pronto vio algo que le llamo la atención, en la pared había una especie de hueco tapado con algunas cajas que dejaban salir un pequeño destello detrás de ellas, casi instintivamente se levanto para ver aquello y moviendo las cajas encontró algo inverosímil, era una especie de altar, pero no había ningún santo, eran velas negras encendidas, fotografías de varios miembros de la tienda y varios fetiches hechos con telas y mecates.

Lo que mas le llamo la atención fue un pequeño libro que estaba detrás de una de las fotos, eran copias de unos escritos en lenguas antiguas y en una de las hojas estaba escrito algo
“Vengan aquí espíritus de la noche, denme lo que les pido y les entrego mi alma, son todos bienvenidos”

Sintió un escalofrío recorrer su espalda y dejó inmediato aquello, de pronto algo comenzó a pasar,  las luces se iban atenuando y escuchaba unos sonidos como de un motor que comenzaba a apagarse, era la planta de energía que se le acababa el combustible que la hacia funcionar, la chica comenzó a sentirse presa del terror y vio como cada una de las luces comenzaban a apagarse, tenia que hacer algo rápido y recordó que en el área de eléctricos había lámparas y pilas, era la solución tenia todo a la mano para no quedarse sin luz, el único problema era que tenia que llegar ahí antes de que se apagaran las luces.

Sin pensarlo y con la reserva de adrenalina que le quedaba salio corriendo del lugar para ir por las lámparas, detrás de si se iba obscureciendo y las sombras comenzaban a surgir de la obscuridad persiguiéndola. Tomando las lámparas y las pilas como pudo las metió en ellas y las prendió al mismo tiempo que todas las luces de la tienda se apagaban y se quedaba de nuevo en la total obscuridad.

Delia estaba hincada en el piso, aferrándose a las lámparas como si la protegieran de todo lo que iba a venirse. Comenzó a sentir como las sombras se acercaban a ella y la tocaban, sentía frío y corrió sin rumbo por toda la tienda quería regresar a su oficina, tenia todas la lámparas que pudo tomar y solo había dejado una encendida al llegar al área de pisos tropezó en las alfombras que había ahí y cayo amortiguada por las mismas. La lámpara que tenia encendida cayo a unos metros de ella y solo iluminaba una parte de un estante lleno de alfombras colgantes, al querer incorporarse para ir por la lámpara caída sintió como unos brazos fuertes la tomaban fuertemente a través de la alfombra, primero sus brazos y después las piernas, no pudo contenerse y grito aterradoramente, su corazón palpitaba casi al punto del colapso, y de pronto una de las manos tapo su boca para que no gritara, estaba completamente inmovilizada, no sabia que hacer, de pronto el miedo y el terror se transformo en desconcierto y aberración.

Otras manos que surgían de las sombras la manoseaban morbosamente, apretando sus pechos y acariciando su estomago y vientre, una mano mas acariciaba su vagina concupiscentemente, la chica estaba completamente aterrada y desconcertada no sabia que iba a pasar, y de pronto el miedo poco a poco se iba transformando en una sensación de desesperación y excitación, no podía creer lo que pasaba, su respiración se hacia agitada y sintió como las manos que la aprisionaban suavizaban su agarre y lo que eran manos que la sujetaban fuertemente se convertian en objetos de placer que la acariciaban por encima de su ropa, de pronto la joven solo se dejaba llevar por aquellas sensaciones extrañas, miedo, excitación, claustrofobia.

Cuando comenzaba a disfrutar en cierto modo aquello, descubrió que no tenia ninguna mano que la sujetaba y que era ella misma quien se tocaba, no comprendía que pasaba y se levanto repentinamente, al querer alcanzar la luz sintió una presencia detrás de ella, al voltear vio como una sombra se materializaba delante de ella era grande y tomaba la forma de una persona, misma que se iba acercando para tomarla, quiso correr pero no pudo, cuando pensaba que algo malo iba a suceder se venció y dejo caer la lámpara, ya no podía huir mas, estaba acorralada y la luz comenzaba a parpadear indicando que las pilas se agotaban.

La sombra se fue sobre de ella sujetándola por la cintura, la arrojó intempestiva y violentamente sobre un montón de alfombras, enseguida vio como su ropa era desgarrada y despojada brutalmente de su ropa interior, sintió como aquello la mordía en el cuello y poco a poco bajaba por sus pechos, mientras que otras sombras la acarician en todo su cuerpo, la chica sin saber que hacer cerro los ojos y se dejo tomar por la sombra, sintió un gran regocijo cuando las sombras la toqueteaban sutilmente en sus partes intimas, sentía la humedad apoderarse de ella y emitió gemidos sordos, no había experimentado aquello jamás y era demasiado excitante, su corazón palpitaba al punto del colapso, la sombra se montaba encima de ella y poco a poco una lengua bajaba por todo su cuerpo hasta detenerse en su sexo, un jugueteo por lo mas profundo de ser tocando puntos sensibles en ella que no sabia que existían, aquello exaltó todos sus sentidos el contacto de una cabeza entre sus piernas y la sensación de algo suave y voluntarioso deslizándose dentro de ella hizo que comenzara a gemir, tratando de sacar toda aquella energía que emanaba de la chica, cuando aquella extraña lengua se volcaba entre sus nalgas para lamerlas, sintió como algo firme y viril la penetraba con suavidad y diligencia, no se explicaba que estaba pasando pero entre aquello que entraba y salia de sus entrañas, en conjunto con la humedad que emanaba de su ser, sentía un enorme placer indescriptible, experimentó el vaivén de unas caderas empujando su humanidad rápida y firmemente, mientras que manos y bocas se daban vuelo mordiendo y lamiendo por todo su cuerpo aumentando mas las sensaciones de placer y el morbo en ella, se dejo llevar por esas emociones, dolor, placer, excitación y miedo, todo mezclado hizo que llegara al clímax de una relación sexual extraña y aterradora, en el momento que la chica iba a llegar al orgasmo sintió como unas manos fuertes apretaban su cuello quitándole el aire, tratando de matarla, quiso aferrarse a la vida mientras se asfixiaba, y a la vez experimento varios orgasmos al mismo tiempo que la sensación de muerte, lanzo un grito ahogado de placer y terror y pensó que era el final de su vida…

-¡Delia! ¡Delia!- escuchaba que le gritaban
Se incorporo rápidamente y se dio cuenta de que se había quedado dormida sobre la mesa de la sala de juntas, estaban todos los jefes ahí y tan solo rió y se disculpo con los presentes, los jefes en tono de burla hicieron comentarios sobre ella y su trabajo, no escucho mas, se dirigió rápidamente al baño, se lavo la cara y se vio al espejo y noto cierta humedad en su pantaleta estaba empapada, el sueño había estado muy intenso.

Transcurrió la junta y la chica apenas si pudo hilar las ideas del mismo su mente trataba de comprender que había pasado, el sueño había sido tan real, pero finalmente solo había sido un sueño. Al terminar con el curso se dirigió a su oficina y desconcertada se quedo ahí con la mirada perdida pensando en todo lo que soñó. Entonces se paro de la silla y salio rápidamente, dirigiéndose a Auditoria, al llegar a la oficina busco entre las cajas y no encontró nada, ningún altar
-Estúpida que estas haciendo- Pensaba mientras sonreía

Llego la hora del cierre de tienda y se veía como se aproximaba una tormenta habría lluvias intensas, y todos se apresuraban a irse a sus casas, Delia continuaba en su oficina revisando correos mientras que un miembro de la seguridad de la tienda le indicaba que ella era la ultima, se dirigió a la salida y checo su salida, sin embargo se acordó que había olvidado un documento importante y sin que nadie se percatara de ello, dio una ultima revisada a los correos y preparo el archivo para enviarlo por la mañana, al salir de la oficina, vio con angustia que estaba todo cerrado, la habían dejado dentro de la tienda sin que nadie se diera cuenta.

Regreso a su oficina y no podía creer lo que pasaba, apago las luces para comprobar que no estaba loca y que su imaginación no la traicionaba, nada no pasó nada,
-Que tonta eres Delia- sonreía y salio para hacer una llamada de servicio al cliente, cuando se dirigía al modulo pudo ver a lo lejos en el área de recibo una sombra que pasaba, no sintió miedo, y tomó la bocina del teléfono, si había tono, de pronto las luces se apagaban y todo se iba quedando en penumbras hasta quedar iluminada el área donde estaba ella, vio como en la parte obscura de la tienda se movían algunas sombras que iban y venían, un escalofrío recorrió su espina y antes de que la ultima luz se apagara sintió una breve y sutil humedad en sus partes intimas, mientras colgaba la bocina ella lentamente se despojaba de su blusa y susurró

-Vengan a mí-

viernes, 23 de agosto de 2013

LA SOMBRA



Noche de Viernes, noche de historias de miedo, Una de nuestras compañeras del grupo me contó una historia personal, que involucraba a su familia, se trataba de algo extraño y perturbador, según sus palabras fue una experiencia terrible que desmoronó a toda su familia. Cierta o no, es una historia fascinante, Únicamente cambie los nombres y los lugares donde ocurrieron estos eventos. La foto es solo para referenciar la historia y no corresponde al lugar donde ocurrio la misma.

Corría el año 1992,  Marcela Jiménez enfermera de profesión y su esposo Daniel Mendoza, ingeniero eléctrico, junto con sus hijos Esteban y Daniela estudiantes universitarios, se cambiaban de casa, por una mas amplia en la colonia Tamaulipas, al señor Daniel le estaba yendo bien pues había conseguido un buen trabajo en el corredor industrial, y compró una buena casa, una oportunidad ya que era amplia y con un gran patio, y el precio estaba muy por debajo de su valor real. La construcción databa de los años 40 pero estaba muy bien conservada y no tenia rastro alguno de humedad. En el patio había árboles de mango y pequeño pozo ya seco, y pegada a la barda estaba otra construcción más antigua, un pequeño cuarto que estaba lleno de muebles viejos que habían pertenecido a sus anteriores dueños.

Todos en la familia estaban felices ya que cada quien tenia una habitación, y su vida transcurría tranquilamente, ya que eran una familia muy unida. Sin embargo todo empezó a cambiar cuando la señora Marcela notaba que a cierta hora del día la casa se llenaba de una pestilencia extraña, y por mas que rociaba aromatizantes el hedor no se iba, y al parecer ella era la única que notaba esto ya que al preguntarles a sus hijos y esposo, estos negaban percibir algo, el ambiente en la casa comenzaba a ponerse tenso, había pequeñas discusiones y desacuerdos, y poco a poco estas aumentaban de intensidad hasta el punto en que todos se gritaban y reprochaban por razones sin importancia. Entre los hermanos que tenían una estrecha relación, había nacido un abismo alimentado por envidias y recelos entre ellos y continuamente se insultaban al grado de arrojarse objetos para lastimarse, Entre la señora y su esposo las cosas no iban mejor, tenían mucho distanciamiento y la comunicación se había perdido, tanto que se aborrecían y les resultaba muy incomodo dormir juntos.

Un buen día una vecina de los Jiménez visito la casa y al entrar pudo percibir una energía muy negativa como cuando entras a un recinto lleno de gente y no hay aire acondicionado, era sofocante, aplastante, abrumador y se percibía un olor extraño como a viejo y carne en descomposición, al platicar con Marcela pudo notar que ella tenia su rostro completamente tenso, ojeroso y su aspecto parecía como agotado, pálido. No sabia que hacer, estaba perdiendo a su familia y no sabia a quien recurrir, la vecina en un gesto de bondad se compadeció de ella y la invito con una señora que leía las cartas, ella no era muy creyente de esas cosas, sin embargo no tenia mas que hacer y acepto ir.

Marcela al entrar a la casa de la adivina, sintió como un escalofrío recorría su espalda, era un lugar obscuro y lleno de velas, con santos e imágenes de la santa muerte. En medio del recinto estaba un mesa con varios vasos de agua y en ellos yemas de huevo, la adivina se veía muy concentrada y con la mirada clavada en la mujer, y se dispuso a hacer el ritual, partió las cartas y comenzó la lectura de las mismas, la adivina describió lo que le pasaba a ella y a su familia, en un punto la mujer saco un mazo de cartas y se detuvo y no quiso leerlas mas, su rostro cambio y ahora reflejaba un gesto de asombro y miedo y tiempo que decía que se marchara y que no volviera mas, que no le cobraría nada pero que se fuera. Marcela presa de la desesperación preguntaba a la adivina que había visto a lo que esta respondía –Hay algo en tu casa y no puedo ayudarte, búscate a un padre que te bendiga tu casa y reza para que esta cosa se vaya-  ya no dijo mas y les cerro la puerta bruscamente a las dos mujeres.

La señora Jiménez se dirigía pesadamente a su casa, no quería llegar, se sentía muy enferma y derrotada, sin esperanzas y sin respuestas, la vecina que la acompañaba le sugirió comprar sahumerios y riegos para ahuyentar lo que hubiera en su casa, No entendía muy bien que pasaba pero quería recuperar a su familia a como fuera. Así que se dirigió al mercado y compro una escoba de hiervas, veladoras y riegos, carbón y un anafre, cuando llego a su casa con ayuda de su vecina se dispusieron a hacer una “somereada”, todo comenzó sin ninguna novedad hasta que llegaron a la parte de enfrente de la casa, de pronto ambas sintieron que el calor que hacia dentro de la casa comenzó a descender y percibían que el hedor característico de la casa comenzaba a compenetrarse mas al grado de ser insoportable, de pronto escucharon con un fuerte ruido provenía de la parte superior como si hubieran azotado una puerta, al voltear a ver las escaleras que subían a las habitaciones pudieron ver como una sombra estaba parada en las mismas, era como un vapor de agua pero negro completamente, al ver esto ambas se quedaron petrificadas y comenzaron a temblar, no podían hablar y tan solo observan como aquella sombra se dirigía hacia la cocina y salía abriendo de golpe una puerta de tela, pudieron ver como aquello levantaba las sabanas tendidas en el patio para meterse en la pequeña construcción del fondo. El momento fue impactante, cuando recuperaron el aliento ambas se tumbaron al piso y comenzaron a llorar desconsoladamente abrazándose.

Al llegar los jóvenes a la casa, junto con el esposo, Marcela aun con el llanto en los ojos, se dispuso a contarles lo que había pasado, no lo podían creer, el esposo encolerizado arremetió contra la mujer diciéndole improperios y palabras altisonantes, los jóvenes en un gesto de burla y rencor se retiraron de la mesa dejando la escena violenta de los padres. Cuando el señor terminó una serie de advertencias para la esposa se dirigió a su habitación azotando la puerta. Y la señora profundamente triste y socavada se tumbo en una silla de la mesa y se puso a llorar desgarradoramente.

A la mañana siguiente la despertó el ruido de la puerta de la entrada al cerrarse fuertemente, era su esposo Daniel que se iba a trabajar, ella se había quedado dormida en el sillón de la sala, los muchachos se habían marchado también, triste y sola se quedo sentada pensando que podía hacer y se llevo las manos al rostro para tratar de no pensar, cuando alzo la mirada vio en un librero que había en la sala, un pequeño libro que se asomaba apenas pero que se distinguía de los demás, era una biblia, había recordado que de niña su abuela le aconsejaba leerla cuando se sintiera abrumada, y se dispuso a hacerlo, al abrir el libro lo primero que vio fue el Salmo 91 y lo comenzó a leer, las cosas en su mente se disiparon y empezó a razonar que había sido todo aquello y agarrando valor se dirigió a la casita donde se había metido la sombra, Nada, solo muebles viejos y mucha humedad, se dispuso a limpiar todo aquello y cuando al final no quedo nada dentro de aquella construcción, noto que el piso estaba como estrellado, removió los escombros y retiro la tierra, hasta que se encontró con un enorme baúl, al intentar sacarlo estaba muy pesado y prefirió abrirlo en el lugar, cuando por fin cedió el candado, notó que el hedor que ya conocía, aumentaba su pestilencia y no quiso abrirlo, salio del lugar, cuando entraba a su casa estaban todos en la mesa comiendo pizza, no había notado que habían llegado y tomando valor se dirigió hacia ellos platicándoles lo que hizo en todo el día, los jóvenes no le tomaron importancia y la miraron con desprecio e incredulidad, el esposo tan solo decía algunas palabras que apenas se entendían, se retiraron de la mesa y se dispusieron a dormir.

Pasaban las 3 de la mañana cuando un alarido de terror inundaba la casa, el grito venia de la habitación de Daniela, todos se pararon a ver que había sucedido cuando entraron a la habitación, estaba la joven arrodillada en el piso con la blusa ensangrentada, parecía que algo la había atacado ya que tenia rasguños y heridas en la espalda y piernas,  los hombres buscaron en la casa pero estaba todo cerrado, las puertas y las ventanas tenían protecciones así que imposible que alguien se metiera. Estaban buscando, cuando ambos escucharon un gruñido que provenía de la cocina, al ver que era, observaron como una sombra enorme estaba afuera en el patio trasero, ambos sintieron como los vellos de la piel se erizaban para dar paso al temor y la incredulidad, no quisieron salir y subieron a las habitaciones Daniel al ver a Marcela tan solo le dijo –Tenias razón-  La chica fue curada por su madre  y ya no pudieron dormir.

A la mañana siguiente se dispusieron a ver que había en el baúl, los hombres sacaron con esfuerzo aquel mueble y lo abrieron, al hacerlo una explosión de vapores pestilentes salieron de el y cuando por fin se disipo aquello vieron con horror que había varios cráneos, libros viejos y cosas extrañas hechas con pieles de animales, el temor y la sorpresa aun no se desvanecía cuando la señora advertía que había algo mas en el agujero dejado por el baúl y al asomarse parecía una vieja lapida, no quisieron ahondar mas, devolvieron el baúl al hoyo y lo cubrieron con escombros, al terminar de hacer esto escucharon un alarido de terror y gritos de ayuda que provenían de la casa, era la vecina que estaba cuidando a Daniela, estaba en el piso de la sala con la cara al piso, parecía que algo la estaba aplastando contra el, no se podía mover y una mueca de terror se dibujaba en su rostro, cuando trataron de ayudarle, una fuerza invisible sacudió al joven Esteban y lo empujaba hacia el ventanal de la sala ocasionando que se rompiera y se cortara las manos, mientras que el señor Daniel jalaba del brazo a la vecina sin poder moverla, al ver esta escena la señora Marcela tomo la biblia del librero y comenzó a leer en voz alta el salmo 91, no terminaba de leer el salmo cuando un estruendo sacudió la casa y la puerta de la cocina salio disparada con fuerza, en la sala todo era caos, sangre, llantos y gritos.

La familia decidió abandonar inmediatamente el lugar, nunca mas regresaron y mandaron fleteros por sus muebles y actualmente la señora Marcela y sus hijos viven en Atlanta, los jóvenes tomaron terapia psicológica y bloquearon sus recuerdos, El señor Daniel decidió separarse de su esposa, actualmente vive en Altamira con otra familia que formó. De la vecina que fue testigo del evento se sabe que murió en un accidente cuando un autobús de ruta la aplastó cuando asistía al seguro social. La casa sigue ahí y aun sigue en venta, esperando nuevos inquilinos.

Escrita por Edgar Liñán Agosto 2013

martes, 20 de agosto de 2013

TERROR EN EL HOTEL NACIONAL



Terror en el Hotel Nacional por Edgar Liñán.


Carmela Segundo, una joven que había llegado a Cd. Madero a estudiar en los cursos de verano en la normal superior, venia de un pueblo cercano a Río Verde. Apenas habían comenzado los cursos, y no había encontrado alojamientos ya que por esas épocas todo estaba lleno de estudiantes foráneos que venían a formarse en estas escuelas. Era una chica bien parecida, de rasgos huastecos, de mente brillante, su familia era numerosa, y tenia el sueño de ser maestra, un compañero de la normal le comentaba que había alojamientos cerca del centro de madero, en un lugar llamado Hotel Nacional. Que aunque tenía el nombre de hotel, eran más bien cuarterías que rentaban por poco dinero. La chica se animó a ir después de clases, y consiguió una habitación, pequeña, llena de humedad y con un baño percudido, pero era mejor que nada.

La joven se desempañaba como buena estudiante, era muy solitaria y no tenia muchas amigas, tímida y negada para socializar, se sentía muy sola y con ganas de tener a alguien con quien platicar, iba a las fiestas de bienvenida que hacían en las diferentes normales, y a veces lograba entablar relaciones con chicos con los que tenia encuentros casuales, pero nada mas. Un día unas compañeras que venían de Papantla organizaron una noche de chicas, a lo que la joven aceptó y fui dispuesta a pasarla bien, sirvieron tragos, cerveza y botanas, pláticas acerca de la familia y los hombres, hasta que ya entrada la noche, una de las jóvenes saco una Quija que traía en una bolsa de mano, hecha de madera y finalmente labrada, con inscripciones en latín, decía que le había pertenecido a su familia por generaciones y que su abuela la usaba para predecir el futuro, hasta el día en que murió. Emocionadas prendieron velas y apagaron las luces y comenzaron a jugar haciendo preguntas, mientras que la pluma del juego se movía estrepitosamente, en el momento que le tocó el turno a Carmela formuló su pregunta mentalmente a lo que el apuntador de la tabla comenzó a alocarse y de pronto las velas se apagaron quedando todo en penumbras y las chicas lanzaron un grito de terror, después de este acontecimiento decidieron que era mejor dejar por la paz la reunión y cada quien se fue a sus alojamientos, Bertha Grajales una compañera de Carmela viva en la misma cuartería así que se fueron juntas. La joven al llegar a su cuarto solo pensaba en lo sola que se sentía y estaba harta de su vida aburrida, se lavó los dientes y se dispuso a dormir.

Carmela despertaba en medio de la noche, empapada en sudor, en el reloj marcaban las 3:20 am, había sentido como si algo la observara y abrió sus ojos y solo había obscuridad, se paró para ir al baño, cuando regresaba a la cama vio de reojo algo que la miraba, oculto entre las sombras, no le dio importancia y se fue a dormir, a la mañana siguiente solo pensaba que había sido un truco que le jugó su mente, al llegar la siguiente noche, de nueva cuenta sintió que algo la despertaba, sofocada por el calor vio con extrañeza que la puerta del baño estaba entreabierta, ella nunca la dejaba abierta ya que del mismo salía un vapor nauseabundo que inundaba la habitación y  lo único que percibía era que la luz de la luna se reflejaba en su interior, de pronto sintió un espasmo y un escalofrío recorrer su espalda cuando vio que algo estaba dentro del baño, una silueta negra que se acuclillaba detrás de la puerta y la veía fijamente con unos ojos profundamente negros, la joven rápidamente encendió una lamparita que tenia aun lado de la cama y de un brinco se dirigió a prender la luz del cuarto, con miedo se dispuso a ver que o quien estaba dentro del baño, Nada,  tan solo la luz de la luna, reviso que todo estuviera cerrado y su desconcierto fue tal que ya no pudo dormir y se acostó con la luz encendida.

A la mañana siguiente tan solo pensaba en lo que había pasado, y no le encontró explicación lógica, llego la noche y volvió a dormirse y volvió a sentir que algo la despertaba y esta vez la chica no quiso hacer caso y siguió intentando dormir, sin embargo escucho como la puerta del baño rechinaba al abrirse lentamente y abrió los ojos espantada, súbitamente se sentó en la cama y miro hacia la puerta del baño  y esta vez estaba una figura negra parada en la puerta, la luz de la luna que entraba a la habitación se reflejaba en los ojos de aquello que estaba parado, la luz hacia un efecto fantasmal como en los gatos en la obscuridad, quiso lanzar un gemido de terror pero no pudo y  rápidamente se paró para prender la luz y ver quien o que era aquello y nada, la figura había desaparecido. Y se puso a llorar desconsoladamente, se tuvo que acostar pensado en el horror que había pasado y ya no pudo dormirse. Al día siguiente la chica pensaba en que hacer, que podía hacer, a quien platicarle a quien recurrir, mas no tenia la confianza de acercarse a nadie, y se maldijo por ser tan introvertida, desvelada, con enormes ojeras, tomando una clase y a pesar de que estaba fatigada y trasnochada no tenia sueño, El terror y todo lo que sentía al transcurrir su día, no era nada al caer la noche y pesadamente fue al único lugar al que podía ir, su pobre cuarto. Volvió a acostarse con una pequeña televisión encendida y se durmió, en la madrugada se despertó al darse cuenta que el aparato estaba apagado. Con miedo y con la sangre helada vio a la puerta del baño, estaba cerrada y un suspiro de alivio fue abruptamente interrumpido cuando acomodo su cabeza en la almohada y vio con horror que una cabeza estaba a un lado de la cama a la altura de su cara, con ojos grandes y negros, calva y sonreía con una sonrisa mórbida y llena de pequeños dientes y grandes encías. No tenia nariz en cambio tenía 2 fosas nasales expuestas y no tenia orejas.  La chica emitió un grito ahogado y se aparto bruscamente de la cama, llevándose sus manos al rostro y empezó a temblar, no podía gritar ni moverse. La cabeza lentamente se incorporaba para dejar ver su silueta, la luz de la luna se reflejaba en la figura del ser y era negro con la piel putrefacta, sin pelo, pegada al esqueleto y llena de costras, y miraba a la chica con una mueca en su cara, con una sonrisa grande y asquerosa. La joven con los ojos desorbitados vio como eso se aproximaba a ella y en un movimiento se tapó el rostro con la sabana de la cama. Mas de pronto sintió como ese ente rasgaba la sabana con una de sus uñas, dejando ver el rostro inyectado de pánico de la chica que no podía emitir ningún grito, temblaba y comenzó a orinarse cuando el ser empezó a acariciarla con sus asquerosas manos llenas de callos mientras se lamia los labios con una lengua llena de baba, la chica intentó salir corriendo del cuarto, al tiempo que el ente se le atravesaba para impedirle salir y emitió un gruñido y la arrojo estrepitosamente al piso, la chica en un ápice de valor corrió al baño y se encerró, y el ser comenzó a emitir gruñidos mas fuertes al tiempo que golpeteaba la puerta y poco a poco hacia un boquete en la misma. Cuando entró al baño este ser empezó a golpear de manera brutal a la joven, al darse cuenta de que estaba perdida, la bestia la sacó del baño y la arrojo violentamente a la cama para abusar de ella, casi a punto del desmayo y después de ser violada en repetidas ocasiones, la chica vio como aquello se metía al cuarto de baño y desaparecía entre las sombras. Dejando a la joven ensangrentada, desnuda y casi al borde de un colapso.

A la joven ya no se le vió mas por la normal, se había ido del Hotel Nacional dejando todas sus cosas tan solo dejo una nota a la compañera que vivía también en aquel edificio explicandole y advirtiéndole lo que le pasaría si se quedaba en ese lugar. Tiempo después los parientes de la chica llegaron a buscarla sin éxito y  tan solo quedo esta historia que me contó mi abuelo, cierta o no, el edificio aun sigue ahí y por las noches sigue reflejando sombras extrañas. 

Escrita por Edgar Liñán Agosto 2013

 

LAS CATACUMBAS DE MATAREDONDA




Las catacumbas de Mataredonda por Edgar Liñán


Fue en la secundaria cuando un viejo llamado Don Serapio el cual vendía elotes fuera de la Melchor Ocampo, siempre nos contaba historias acerca de su juventud, tratando afanosamente de enseñarnos sobre la vida, nunca le pusimos mucha atención, ya que era un viejo borracho y medio loco, hasta el día que nos contó una parte de su vida en donde formaba parte de un culto satánico, en el cual había contactado a un demonio para concederle todo lo que deseaba y que además sabia de una mujer que vivía cerca de la secundaria que se había vuelto rica gracias a esta secta y que una vez trabajó para ella de mozo y le enseño cosas extrañas.

Su historia comienza a finales de los ochentas, el personaje de esta historia es Rosalía Hernández una joven de 16 años que vivía cerca de la laguna de pueblo viejo y cursaba la preparatoria, había llegado de una comunidad cerca de La Laja y estaba de arrimada con un tío político que frecuentemente abusaba de ella sexualmente y la mandaba a trabajar recolectando desperdicios entre los vecinos para alimentar a los puercos. Se pagaba la escuela gracias a un trabajo de ayudante de cocinera en un restaurante de mariscos en Mataredonda. Siempre harapienta y sucia, despreciaba todo, su vida, su escuela, su trabajo pero más en particular a su tío, en el fondo la chica deseaba huir de todo, sin embargo no tenía medios y menos dinero ya que el poco que le quedaba le era arrebatado por el ominoso hombre. Cada noche que se disponía a dormir miraba a las estrellas pidiendo el mismo deseo: Que su vida diera un giro.

Un día, caminando con su cubeta llena de desperdicios se le acercó una joven bien vestida, con zapatos de piel escrupulosamente lustrados y un vestido floreado medio transparente que dejaba ver su esbelta figura, de cabellos negros y de unos ojos grandes con una sonrisa maliciosa, le hizo platica, Ella le contaba que pertenecía a un grupo religioso que ayudaba a la gente a superarse, la joven tenia un acento extranjero y un don de convencimiento muy notable, tanto que persuadió a la chica de dejar la cubeta y dirigirse con ella al supuesto templo de adoración y conocer al maestro, ambas subieron un Crown Victoria negro el cual era conducido por un hombre grande y se dirigieron con rumbo de Tampico Alto. Antes de llegar al pueblo se metieron en una desviación que los llevaría a una brecha de terracería, la joven de pronto sintió miedo y desconfianza y una voz interior le indicaba que había cometido un error, estaba a punto de pedir que la dejaran bajar del auto cuando llegaron a una casa en medio de la brecha, era de madera prefabricada con estilo americano. En el patio había mucha gente esperando entrar a la misma y cuando llego el auto se apartaron para dejarlo pasar, estacionándose cerca del porche de la casa, las dos mujeres bajaron del auto y se dirigieron al interior.

Al entrar la joven Rosalía sintió escalofríos, el lugar estaba semiobscuro y era iluminado por unos sirios de todos tamaños, en la paredes había inscripciones en lenguajes extraños, simbología astral y runas, en los techos colgaban candelabros forjados con unos extraños dragones que sostenían unas veladoras. En el fondo estaba un altar con una mesa grande llena de velas, incienso y recipientes de cristal con un liquido carmesí, sobre la pared estaba montada una estatua enorme de Baphomet con dos enormes sirios negros y unos hombres con tunica y encapuchados haciendo una especie de adoración, al darse cuenta que estaba parada sobre un pentáculo labrado en la madera del piso, su instinto de conservación hizo que pegara un brinco y salir corriendo por donde entró, al darse la vuelta para huir se topo con la figura de un hombre calvo, vestía una túnica negra con motivos rojos y una estola bordada con runas y signos paganos.

La chica retrocedió y abrió los ojos con un gesto de terror y antes de que pudiera pegar un grito el hombre le decía:

-Se por que estas aquí Rosalía, yo se que es lo que mas deseas-
La chica al escuchar esto solo hizo un gesto de asombro y se dispuso a escuchar al hombre
-Yo te ofrezco la solución a todos tus problemas, se que sufres por las noches y le pides a alguien que te ayude, mi padre ha escuchado tus ruegos y estoy dispuesto a ayudarte, solo tienes que darme algo a cambio y mi padre te concederá lo que le pidas-

-¿Mi alma?- Preguntó -Claro que no amor, el alma es algo relativo y no nos sirve, para poder llamar a mi padre es necesario que hagas un sacrificio, y el atenderá tus súplicas, pero antes debes de ser iniciada en nuestra congregación-
La joven asintió y con un ápice de esperanza le dijo al hombre: -Estoy dispuesta a hacer lo que me pida-

Ya entrada la noche y dentro de la casa, se habían reunido varias personas en túnicas y capuchas alrededor del pentáculo, hacían oraciones en lenguajes extraños, la joven estaba en medio de ese circulo, desnuda y con los brazos extendidos, El maestro estaba al pie de altar con una cabra viva en el, haciendo oraciones y preparaciones con aceite las cuales eran vertidas a una daga de marfil labrado, al finalizar los rezos, apuñalo al animal en el corazón y la sangre comenzó a brotar a borbotones, el hombre llenaba una especie de cáliz, acto seguido se dispuso a cubrir con esta sangre a la chica, al tiempo que otro acolito “somereaba” a la mujer con inciensos y copal, la joven en un punto cayo arrodillada al tiempo que el hombre calvo le decía:

-Para poder contactar con mi padre debes de hacer un ritual en un lugar solitario y es necesario que le ofrezcas en sacrificio a una persona, debes hacer lo que dice en este libro que te voy a dar, y una vez que mi padre se presente ante ti, haces tu petición. Pero debe ser pronto ya que habrá luna llena y es el momento ideal. Como pago debes de formar una congregación para adorar a nuestro padre. Es todo-

La chica de pronto se sintió mal y cayo desmayada, contaba Don Servando que despertó a un lado de la cubeta de desperdicios extrañada por lo que soñó y se dispuso a irse a su casa, al llegar, el tío estaba encolerizado, al tiempo que le propinaba golpes con el cinturón le preguntaba que donde había pasado la noche y por que había regresado hasta hoy, la joven no comprendía que sucedía y tan solo decía frases que no eran comprendidas por el hombre ya que estaba drogado, al punto que tomo a la joven y la condujo a su cuarto para ultrajarla, al terminar con su incalificable acto, salio a seguir tomando con los amigos que estaban en el patio, la chica se dirigió al cuarto toda golpeada y humillada, Todavía sin comprender que había pasado. Llorando desconsoladamente se dirigió al chiquero para darles de comer a los cerdos, y al vertir los desperdicios vio algo extraño, era un libro que extrañamente estaba limpio, volteó para ver que nadie la observara y tomo el libro, se dirigió a su cuarto, ya en el, leyó todo lo que tenia que hacer, pensó que la luna llena era en tres días y meditaba en que lugar llevaría a cabo la ofrenda, –Mataredonda, los aljibes abandonados- era un lugar al que nadie iba y estaba lleno de maleza, ella lo conocía bien ya que a menudo pasaba por esos lugares para ir a trabajar. Un breve ápice de cordura le decía que no lo hiciera, iba a matar a alguien, pero al escuchar las risas mórbidas y los comentarios obscenos acerca de lo ocurrido con ella, desvanecieron cualquier sentimiento de remordimiento
–Lo merece el maldito- Así que preparo todo y se dispuso a esperar.

El día llego y sedujo al tío para la que la acompañara a dejar unas tareas que le habían encargado, era casi de noche y dirigiéndose a mataredonda, la chica le platicaba que unas amigas le habían pasado una mariguana muy buena y que la había escondido en los aljibes abandonados, ella quería probar pero tenia miedo de quedarse dormida y le pidió al hombre que le enseñara a fumar, el cayó en la trampa y se dirigió junto con la jóven a aquel lugar, al llegar bajaron por una abertura que había en el techo de aquel depósito, era una escalera que conducía a un sótano y en el mismo había un hueco que llevaba a otro nivel abajo, el hombre entró primero alumbrando con una lámpara de petróleo y detrás de el iba Rosalía, cuando llegaron al nivel mas profundo el hombre se percató que había una iluminación tenue en el lugar y pensó que había alguien por lo que gritó preguntando -¿Hay alguien?- al no obtener respuesta se dirigió al fondo y vio unas veladoras prendidas, en un pequeño altar lleno de sangre y una estrella dibujada en el piso con un polvo amarillo, estaba lleno de animales muertos y apestaba, en la pared estaban dibujados símbolos paganos hechos con sangre la cual estaba ya coagulada. Al ver esto el tipo sintió como se le erizaba la piel y cuando volteo para advertir a la chica, esta le propinaba un golpe en la cabeza y ya no supo más.

Rosalía Hernández, estaba arrodillada en el pentagrama hecho de azufre y copal, desnuda y con símbolos dibujados en su cuerpo, rezaba partes del libro que le habían dado, a un lado de ella estaba el tío noqueado, mas de pronto despertó y horrorizado vio que la joven se dirigía a el, antes de que el hombre pudiera emitir una palabra la mujer decía:
-Tómame, hazme tuya- al tiempo que se recostaba sobre el pentáculo y abría sus piernas dejando ver su sexo.

El hombre no pudo resistirse a la tentación de tenerla desnuda frente a el, y su lujuria pudo mas que su sentido de conservación así que se dispuso a cometer el inmoral acto, en el momento que el tipo alcanzaba el clímax sintió un agudo dolor en el vientre y al ver que sucedía vio con horror que le había clavado un cuchillo cebollero y lo rajo por la panza, el señor se levantaba y llevaba sus manos al estomago para evitar que se salieran los intestinos, y se arrodillo frente a ella diciendo –ayúdame-

Al decir esto la joven inexpresiva y con la mirada perdida le rebanaba el cuello haciéndole salir sangre a borbotones, la misma que hacia un charco sobre el piso, la mujer en el éxtasis del momento gritaba en una lengua extraña “Baphomet, Baphomet…” y de pronto de entre el charco de sangre surgió la figura de algo humanoide que se materializaba lentamente, al tiempo que se le escuchaba decir:
-¿Que quieres de mi?-
-He aquí que te ofrezco esta sangre para que me des riqueza-
-Sea pues-
De pronto la figura hecha de sangre implosionó salpicando todo el lugar y se hizo la total obscuridad.

Después de aquello, en Pueblo Viejo ya no supieron mas del hombre y su sobrina, decían que se habían ido con parientes de La Laja, y otros que habían huido para hacerse amantes. Lo cierto es que desde que nos contó la historia y sabíamos de esa casa, y habíamos visto a esa señora rica varias veces, y decíamos que era la novia del diablo. Además de que nuestra curiosidad nos llevó a aventurarnos a las famosas Catacumbas de Mataredonda para comprobar esta leyenda contada por Don Serapio.

Historia escrita por Edgar Liñan 13/08/2013


CUANDO LAS CHICAS BUENAS SE VUELVEN MALAS



CUANDO LAS CHICAS BUENAS SE VUELVEN MALAS  por Edgar Liñan
Corría el año de 1947, la Ciudad y Puerto de Tampico, estaba en pleno desarrollo y la gente de esa época era más apegada a los valores rígidos y las buenas costumbres familiares. Había poca pobalción y la ciudad en su mayoría eran montes y llanos que apenas comenzaban a habitarse, las familias eran de 5 miembros mínimo, y una de esas familias eran los López Ahumada, gente inmigrante que vino de España durante la guerra civil y se habían asentado en la ciudad en el año de 1937.
 
Don Martín López era el patriarca de esa familia y vendía verduras y abarrotes en el barrio del Tinaco en Ciudad Madero, se decía que este señor, tenia muchas queridas por varios lados y su promiscuidad lo había llevado a meterse con varias meretrices de la zona del triangulo en los mercados de Tampico, donde iba a surtirse de mercancía y placer, decía mi abuela que en una de sus incursiones sexuales al centro de Tampico, regresaba de un burdel famoso allá por el barrio de la Isleta. Era ya noche y estaba muy obscuro, Don Martín ya ebrio de licor y sexo, regresaba por la calle Altamira y en la esquina de la calle Iturbide donde estaba el antiguo fuerte, vio surgir de entre las sombras a una bella mujer, blanca aperlada, con un vestido ceñido al cuerpo en terciopelo rojo y zapatos de tacón; con una belleza y una voluptuosidad impresionante, el cual al verla su único pensamiento era poseerla, y dicen que siempre debes tener cuidado con lo que deseas. Por que se te puede cumplir.
 
La mujer hizo alarde de su impresionante belleza y coqueteo, tanto que Don Martín al contemplarla no creyó por ningún segundo que era a el a quien estaba tentando, pero no había nadie en la calle así que su lujuria y sus mórbidos deseos hicieron que sucumbiera ante la presencia de esa dama y pensó que una oportunidad como esa no debía desaprovecharla, así que fue a su encuentro, la chica caminó por las vías del tren y el hombre la siguió hasta la barda de los ferrocarriles, cuando llego a una esquina la chica ya no estaba, al buscarla vio como iba a alejándose por la calle Nacozari la cual ya estaba muy obscura, la veía a lo lejos por lo que pensó –¿Como caminó tan rápido?- Decepcionado pensó que era lo mejor irse, ya que vio un velador silbando, y decidió mejor regresar a su casa.

Justo cuando volteaba para irse, escucho un chistido llamándolo, el hombre volteo a ver de donde venia el sonido y vio a la mujer a una calle de ahí, y justo cuando la veía atento, la chica alzó un poco su vestido mostrando sus perfectos muslos blancos y torneados, al ver aquello Don Martín no espero ni un segundo y fue a su encuentro al ver que esta se alejaba cruzando la calle, fue tras de ella con paso firme, aquello era una invitación que no podía despreciar.

Al llegar a la acera donde estaba, vio como estaba una cuadra mas adelante, y pensó dentro de si: ¿Como fue posible que llegar hasta la otra calle? al terminar de pensar en eso vio como la damisela, le mostraba generosamente su escote, el señor no lo podía creer y pensó que sus mas grandes fantasías estaban a punto de hacerse realidad, y fue tras ella, corriendo llego a la acera donde estaba y ¡Oh! sorpresa ya no estaba ahí, estaba en la otra calle, preso del coraje y la desesperación empezó a caminar detrás de la joven, socavado por el vaivén de sus caderas, e hipnotizado por lo cadencioso de sus bien formados gluteos, caminó y caminó por varias cuadras, detrás de la chica, cuando en un repentino giro de una esquina de la calle Centenario casi alcanzándola, desapareció y buscándola se encamino hacia la plaza de la libertad. La cual estaba desierta y obscura y ningúna alma se veía.

Al parase en la esquina de la plaza, detrás de si, sintió un aire helado, seguido por un perfume dulce y atrayente, y vio impactado a la mujer que estaba cerca de el, blanca y con cabellos rubios mas sin embargo su rostro no lo apreciaba por las penumbras, Don Martín ya excitado con aquella belleza, pensó que era el momento que toda su vida había esperado, la deseaba y haría lo que fuera por tenerla, al momento de pensar esto la chica le pregunto ¿Me darías tu alma por poseerme? al escuchar esto el hombre solo respondió -Si-, después esto la mujer sacó un cigarro y le pregunto -¿Me das fuego?- presuroso saco unos cerillos de su pantalón y encendió uno acercando la caja a su rostro para prender el cigarro, el tiempo se detuvo, al encender el fósforo la obscuridad se disipo e hizo resplandecer el rostro de la mujer, sin embargo al verlo, el viejo se quedo completamente helado, aquel rostro en penumbras se había convertido en algo horrible, una cara negra y con ojos saltones y sin parpados, con ámpulas y llagas y un olor pestilente, con un par de pequeños cuernos retorcidos en la frente y una sonrisa mórbida y lujuriosa, al ver esto el hombre se quedo petrificado y cayó al piso gritando de terror por la impresión.

A la mañana siguiente la señora Soledad Ahumada de López, esposa de Don Martín, escuchó como tocaban la puerta, al percatarse que su marido no había pasado la noche en su cama de junto, supuso que era el, ya estaba acostumbrada a sus incursiones sexuales y sus infidelidades, y se dispuso a abrir el portón de la calle, cuando al ver que estaban parados 2 hombres, preguntaron si ahí vivía el señor Martín López, al afirmarlo los hombres le indicaron que los acompañara al hospital civil, al escuchar esto la dama se apuro a vestirse e irse con los hombres.

Al llegar al hospital se encontró con un doctor que le dijo que lo de su esposo no tenia remedio que solo el tiempo podía curar las heridas, pero sus demás males no sabia si lo podían ayudar, ella no entendía nada de lo que le decía el doctor, cuando uno de los hombres le mencionó que habían encontrado a su esposo por la calle Rivera, tirado, desnudo y lleno de sangre, al pasar al cuarto del hospital, no pudo ahogar el grito que salió de su garganta al ver el rostro de su esposo, con un rictus de pánico y desfigurado por los múltiples aruños recibidos en el rostro, ahí estaba el cuerpo de Don Martín López, tieso por la embolia, paralizado del rostro le había quedado una mueca de horror debido a una fuerte impresión que recibió, tanto que daba miedo verlo. El señor no podia hablar y solo emitia sonidos y balbuceos. Después de aquel acontecimiento la familia se mudó a Guadalajara y ya no se supo mas de ellos y hasta el dia de hoy la historia contada por mi abuela hace eco en mi cabeza, ya no suceden esas cosas como antes, hoy en día estamos mas cerca del mal que ni siquiera tiene que molestarse por tentarnos, solos llegamos a el con nuestras acciones... La lección de esta historia es no confiar en una mujer bonita, por que puede ser el Diablo.

Escrita por Edgar Liñan , Agosto 2013